Juan 8:12
Lectura, 8:1-20
Luz y Vida son palabras clave en este Evangelio. Jesús en la
fiesta de los Tabernáculos. Discusiones entre el pueblo acerca de él, y de los
judíos con él.
Incidente de la adúltera. Ante la obstinación de la incredulidad,
hace esta declaración: “Soy la Luz del mundo.”
El texto nos hace pensar en que
I. El mundo es un lugar de tinieblas
Lo era físicamente antes del primer día de la creación. Lo es
moralmente el día de hoy. Mucha ciencia humana — Mucha oscuridad espiritual. Se
muestra
1. En la falta de conocimiento de Dios.
2. En la creciente corrupción de las costumbres.
3. En los odios que dividen a los hombres — de clases: de naciones;
de razas.
4. En la multiplicación de los errores. Ciertamente “andan en
tinieblas.”
II. En el advenimiento de la luz
Dios no ha querido dejar a los hombres en tinieblas. Aun antes de
la venida de Cristo los profetas reflejaron algo de la luz que había de venir.
1. Cristo es el Gran Luminar. El SOL. Lo es (a) por su carácter; (b)
por su doctrina. La piedra de toque de toda acción, de toda vida, de toda
doctrina.
2. Luz insuperable. Velas, petróleo, gas, electricidad: dan ayuda
relativa; pero el sol es insustituible. Así es Cristo.
3. Es penetrante. Se introduce por la más pequeña rendija. O como los
rayos X.
4. Es universal: “Alumbra a todo hombre.” La luz científica no entra
en las mentes incultas. La de Cristo percibida en todo su fulgor aun por
los niños.
5. Es permanente. Jamás se apaga.
III. Los bienes que imparte
1. ¿A quiénes? “El que me sigue.” Debieran hacerlo todos. ¿Por qué no
lo hacen? (Juan 3:19, 20). Cierran las ventanas, y los ojos. No quieren ver.
2. Males que evita. “No andará en tinieblas.” Libre de temor,
peligro, yerros, tropiezos.
3. Bienes de que goza. (a) Luz — conocimiento, dirección, alegría,
santidad.
Puede haber sombras pasajeras — dudas, penas, tentaciones; pero la
luz vuelve a brillar, y nunca son completas las tinieblas. Para el
cristiano la “luz…
va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18, 19).
¡Ven a la Luz! Cristo te alumbrará en tu camino, en tus problemas,
en tus penas, en
tus pecados, en tu hora postrera, y ¡por la eternidad!

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